Pepe, Yuri Gagarin y la Montaña Azulada

AltamiraBison
Pintura Rupestre en las Cuevas de Altamira, España.

Los primeros rayos del sol entran por los resquicios de la caverna, iluminando a ese curioso homínido peludo, de frente achatada y poco erguido que dormita sobre la piel del que en algún momento fue un despistado rinoceronte lanudo.

El homo neanderthalensis, como sería conocido 28,000 años después, pero que para efectos de esta historia llamaremos Pepe, se incorpora lo máximo que su columna vertebral  le permite, observa a su pequeña tribu dormida y la escuálida columna de humo que se levanta desde la fogata que anoche cocinó los últimos pedazos de carne del pequeño grupo de humanoides, e inmediatamente después a su barriga que con gruñidos anuncia la única constante en su vida: El hambre.

Pepe es lo que llamaríamos un adolescente: es un curioso, rebelde, caprichoso y ávido neandertal.

El muchacho emerge de la caverna entornando los ojos, las siluetas toman forma. Frente a él, se extiende una planicie salpicada por árboles un tanto secos aquí y allá y en la lejanía, alzándose en el horizonte, una majestuosa cordillera azulada.

Pepe se interna en la planicie e inspecciona los árboles en busca de alguna frutilla o insecto incauto pero parece ser que hoy no es su día de suerte.

De pronto, nuestro amigo observa al horizonte. Las montañas que se levantan frente a él y un escalofrío recorre su columna peluda. Pepe voltea hacia un lado y otro con un gruñido. Nada. El viento. Olisquea el aire, nada. Pepe vuelve a levantar la mirada, hay algo en esas montañas que ha llamado su atención. ¿Qué es?

Lentamente Pepe se ha alejado de la seguridad de su caverna y de lo que él llama familia y aunque de cuando en cuando observa hacia atrás sobre su hombro pero la enorme montaña azulada lo llama con una misteriosa atracción. El hambre ha sido olvidada. Pepe nunca se había alejado tanto de los suyos, siente miedo, pero al mismo tiempo una emoción indescriptible. ¿Qué pasa si continúo caminando, si alcanzo la montaña, qué habrá detrás? ¿Y si me pierdo, y si aparece un animal, y si encuentro otra tribu? Todas estas preguntas permanecen sin respuesta en el primitivo cerebro del homínido que a pesar de la incertidumbre, continuó caminando.

Así es como imagino un escenario prehistórico que se ha repetido una y otra vez a lo largo de la historia, (guardando las proporciones con sus diversas variantes de lugar, tiempo y circunstancias) desde la migración humana cruzando por el estrecho de Bering, pasando por los viajes de Marco Polo y hasta el primer hombre en el espacio, Yuri Gagarin.

El-caminante-sobre-un-mar-de-nubes-Caspar-David-Friedrich
El Caminante sobre el Mar de Nubes del pintor romántico alemán Caspar David Friedrich.

Y me pregunto si desde Pepe hasta Gagarin experimentaron las mismas sensaciones que experimento yo al subir a un avión y volar pinchemil kilómetros a una altura de putamil pies para cruzar tierra y mar y aterrizar en un país extraño, en el que todos hablan un idioma distinto al mío, tienen insólitas costumbres y hasta las palomas que en el parque comen mendrugos de pan a los pies de un viejecillo parecieran ajenas y exóticas.

El país es extraño para mí, yo también soy un extraño para él.

Y entonces pienso a que se debe. Para mí, viajar supone un “montón de cosas” como:

-Despertar temprano

-Subir a un transporte (terrestre, marítimo o aéreo)

-Hablar en otro idioma (aunque sea el mismo que hablo yo)

-Comer diferente

-Aprender nuevas interacciones sociales

-etc.

-etc.

Y todo este “montón de cosas” produce en tu persona un “montón de cambios” como son:

-Cambio de rutina

Esto es de mis cosas favoritas, y aunque al pasar de los días extraño mi -despertar-ejercicio-transporte-oficina-transporte-casa-, el cambiar de rutina me permite poner las cosas en perspectiva y volver a ella, consciente y valorando cada pequeña parte de ella.

-Experimentar cosas nuevas

Creo yo, que la única forma de acrecentar la cabeza es viendo, saboreando, escuchando, oliendo, tocando algo inesperado, insólito, asombroso. Y la mejor manera es estando en otro país donde levantas una piedra y una experiencia nueva está ahí, esperándote (excepto en Australia, ahí, debajo de cada piedra hay algo esperando para matarte).

-Pensar de manera diferente

Los humanos somos moldeados por el entorno en el que se desarrollan, por lo que hablar otro idioma y tratar de encajar en un nuevo entorno obliga a nuestro cerebro a pensar (y hablar) de una manera distinta a la acostumbrada. Y eso de tener una gama cromática más amplia para pintar paisajes propios debe ser siempre bienvenido.

Deja de ser un egocéntrico de mierda Expandir horizontes

Simplemente entender que no tienes mérito alguno por haber nacido en el país que naciste, eres víctima de crueles circunstancias (si naciste en Siria) o benévolas (si naciste en Finlandia) así que deja de enorgullecerte de tus estúpidas e insulsas raíces (que seguro son una mezcla de por lo menos un par de culturas) y comienza a entender que no hay frontera alguna más que la de tu propia cabeza, así que a alimentar el sincretismo, la mezcla y el remix que de ahí ha salido lo más bello de las expresiones humanas.

Conclusiones.

Viajar es una de las experiencias más enriquecedoras que tiene esta vida, darte cuenta del lugar tan pequeño que ocupas en este mundo y de que todos y cada uno somos parte de la misma circunstancia.

Como dice mi abuelito Carl: “Mirad ese punto, esta aquí; es nuestra casa, somos nosotros. Todo lo que amas, todo lo que conoces, todo aquello de lo que has oído hablar, todos los humanos que han existido han vivido ahí sus vidas. Todo el conjunto de nuestras alegrías y sufrimientos, miles de creencias religiosas, ideologías y doctrinas económicas, todos los cazadores y presas, todos los héroes y cobardes, todos los creadores y destructores de civilizaciones, todos los reyes y mendigos, todas las jóvenes parejas enamoradas, todas las madres y los padres, niños felices, inventores y exploradores, todos los profesores de moral, todos los políticos corruptos, todas las “superestrellas”, todos los “líderes supremos”, todos los santos y pecadores de la historia de nuestra especie han vivido ahí…en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol”.

pale blue dot
El Punto Azul Pálido, fotografía de la tierra tomada por la sonda espacial Voyager I más allá de la órbita de Saturno.

Y darte cuenta que desde Pepe, el neandertal que decidió dejar atrás la comodidad de la cueva hasta este humilde narrador tenemos ese mismo impulso de ver que hay detrás de esa misteriosa montaña azulada.

g.

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