The Muro

Lo ves desde abajo y piensas “mñé, ni está tan cabrón, nomás es cosa de ir siguiendo las piedritas, es más, si le agarro la onda dejo mi trabajo de oficina y me convierto en escalador profesional”.

Entonces, te pones el arnés, te aseguran con la cuerda, estudias cuidadosamente tu ruta, etcétera. Todo lo que haría un escalador profesional.

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Y así comienzas a subir.  Aseguras un pie-una mano-la otra-el pie que falta, ponderas tus opciones y escalas la pared, concentrado pero tomándolo a la ligera, “mñé, ni está tan cabrón, es más, si le agarro la onda…etc.”  pero de pronto las opciones comienzan a reducirse así como también la superficie de las piedras de las cuales te sostienes, por lo que decides tomar un respiro, pegas tu cuerpo a la pared como te lo indicó tu instructora y volteas hacia abajo, te percatas de su presencia (de la cual depende tu vida) pero la ves lejísimos, pequeñita, como si estuviera a cientos de metros debajo de ti, viéndote con cara de ironía “¿ni está tan cabrón eh?” Piensas, si me caigo, ¿ella podrá sostenerme con su peso? ¡Seguro! ¿O no?

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Y entonces notas que tus dedos hormiguean, tus manos tiemblan, tus piernas están en la posición más incómoda y anti-natura ever y que tu siguiente movimiento es más incierto que tu futuro como escalador profesional, aún así respiras profundo y decides continuar.

Y rápidamente se te agotan las opciones, no aguantas el dolor en tus brazos de sostener ochenta kilos de flaccidez y grasa, pero tu orgullo, aunque desinflado aún tiene con qué hacer frente a un metro más de pared, así que con tus últimas fuerzas te estiras más allá de tus capacidades de oso panda, tratas de asir la siguiente roca, resbalas y te precipitas al vacío.

Y por “al vacío” me refiero a medio metro ya que te encuentras completamente asegurado por la cuerda (que tiene fuerza para cargar hasta una tonelada) y quedas suspendido en el aire, balanceándote y girando hacia un lado y otro, el rush de adrenalina es más poderoso que un espresso doble en ayunas. Sientes una mezcla de miedo, libertad y vergüenza al ver que de los 37 metros que se levanta la pared, has subido menos de 15, ves a tu instructora que te sostiene sin esfuerzo alguno y te grita algunas palabras de aliento, tomas control de ti mismo y vuelves a la pared para seguir intentando.

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La pared de escalada más alta del mundo es Excalibur, ubicada en los Países Bajos, y en segundo lugar, The Muro, ubicada en el Eje Central de la Ciudad de México. Su construcción tardó alrededor de cuatro años y fue supervisada por el mismo creador de Excalibur. Desde su creación recibe escaladores profesionales de todo el mundo, así como incautos como yo que, a pesar de ser mi primera vez, no lo hice tan mal (o eso decía mi instructora).

Abre de Jueves a Domingo, tiene un precio único para todo el día de $180 pesos por persona. The Muro es una gran opción para volver a poner en funcionamiento músculos que habías olvidado que existían y al mismo tiempo experimentar algo diferente y único en la recién nombrada CDMX. Y quién te dice que con algunos meses de práctica no puedes dejar tu trabajo de oficina y convertirte en escalador profesional.

g.

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